viernes, 30 de octubre de 2009

literatura y cine. una aproximacion comparativa

Núcleo Problémico Número 2

LITERATURA Y CINE, una aproximación comparativa

El cine y la literatura siempre han establecido buenas y recíprocas relaciones. Esta vinculación ha tenido y tiene distintas formas de expresarse.En ocasiones, la literatura se ha convertido en cine a partir de la adaptación fílmica de obras literarias, donde el argumento de éstas se ha transformado en un guión cinematográfico, con mayor o menor fortuna. Y viceversa... el éxito de una película a veces ha provocado la edición literaria de la historia en la que se basa o del guión de la misma.En otras películas, la literatura se ha convertido en protagonista al mostramos las vivencias de un escritor o escritora, real o ficticio.Didácticamente, podemos aprovechar estas relaciones entre literatura y cine, mostrando a nuestro alumnado una determinada historia contada en dos soportes distintos, evitando por supuesto una comparación gratuita que nos haga sobreponer como "mejor" una de las dos artes comentadas, y señalando en cambio las ventajas y placeres que proporcionan cada una de ellas.
Creo en muchas cosas: una de ellas es la literatura, de no ser así no escribiría. Creo en las fuentes de la vida, una de ellas ha sido para mí, el cine.-Guillermo Cabrera Infante-
Con la misma rapidez y facilidad con que el cine pasó de ser una invención a una atracción de feria, se convirtió después en espectáculo y luego en expresión artística. Desde hace mucho tiempo es un poco de cada una de esas cosas y, también desde hace mucho, hace parte esencial de nuestra cultura y sociedad, a tal punto de haber significado un cambio trascendental en ciertos aspectos de la vida del hombre, aunque a simple vista parezca un mero entretenimiento que sólo algunas veces alcanza el carácter de arte.
Entre cine y literatura es posible encontrar diversos puntos de contacto, préstamos, paralelismos y diferencias infranqueables, incluso malentendidos y mutuos prejuicios. El estudio de esta relación es un amplio campo aún no cubierto por completo y todavía no se sabe con exactitud a quién compete. Con el tiempo el cine adquiere su propio lenguaje y se aleja de la literatura como su referente primero. El ejemplo más simple de estas grandes diferencias que se establecen entre ambos medios es la capacidad de síntesis del cinematógrafo, ya que puede cubrir en una sola secuencia lo que a una novela normalmente le llevaría páginas enteras.
El arte y la literatura, que desde hacía mucho tiempo buscaban la mejor forma de expresar el movimiento, encontraron soluciones definitivas y nuevas posibilidades con el advenimiento del cine. Pero evidentemente los resultados nunca serán los mismos, dadas las particularidades de cada forma de expresión, así pues, como lo explicara Jean Mitry, si el arte y la literatura traducen el movimiento, lo significan más de lo que lo expresan, esto debido a que no lo poseen. El cine, en cambio, no lo significa sino que lo representa, y si lo significa es con el movimiento mismo o por medio de éste.
el cine ha influido en la literatura también -y sobre todo- a través de la sociedad, de los usos y las costumbres, de su manera de sentir, recordar y soñar. El cine es un gran creador de estereotipos, comportamientos y hasta modalidades del habla. El escritor, entonces, se apoya en estas circunstancias, ya por economía semántica o por una suerte de manejo de complicidades y de códigos con el lector. No es muy radical afirmar que todo lo que se ha escrito desde la aparición del cinematógrafo es de otra manera, pues el cine ha permitido a la literatura explorar caminos nuevos , contar de una manera diferente, ya sea mostrando o dejando a la imaginación de lector, porque ahora está más capacitado para entender la exclusión de cierta información y aún así construir un mensaje.
Por otra parte, la literatura narrativa se ha enriquecido por el nuevo concepto unidimensional del tiempo que tiene el cine y ha significado un original punto de vista sobre los patrones tiempo - espacio en la narración. Además, el cine con su dinámica y lenguaje, aportó nuevas posibilidades del conocimiento visual, las cuales han causado un gran impacto en la conciencia moderna. Walter Benjamín, puede ilustrar mejor este concepto: “...la naturaleza que habla a la cámara no es la misma que la que habla al ojo. (...) Nos resulta más o menos familiar el gesto que hacemos al recoger el encendedor o una cuchara, pero apenas si sabemos algo de lo que ocurre entre la mano y el metal (...) Y aquí es donde interviene la cámara con sus medios auxiliares, sus subidas y sus bajadas, sus cortes y su capacidad aislativa... Por su virtud experimentamos el inconsciente óptico.”
El cine ha proporcionado un nuevo modo de ver, no tanto por la rareza de algunos puntos de vista insólitos, como por el hecho de “significar la mirada”, esto es, hacer que el espectador se identifique con la cámara. Y esta identificación se hace extensiva a muchas otras esferas del comportamiento, la percepción y el pensamiento de los hombres, de los escritores en este caso. Son incontables los que han reconocido públicamente, no sólo esta identificación, sino su sistemática aplicación en sus obras. Por ejemplo nos encontramos con una Soledad Puértolas que dice: “Cuando escribo veo y escucho a la vez”; o con un Guillermo Cabrera Infante que dice: “He aprendido más a escribir con el cine que con la literatura en sí, es decir, muchas de mis referencias son más cinematográficas que literarias. O si tú quieres, literarias a través del cine”.
Augusto Bernal, sociólogo del cine y director de la escuela cinematográfica Black María, da cuenta de este fenómeno al afirmar que la Imagen Cinematográfica logra “atraparte” y aislarte del mundo exterior, pues lo que busca es meter tu mundo de espectador en algo que está cuadrado, que se está proyectando y [hacerte] entender que eso que se está proyectando hace parte de uno [del espectador]. Y ahí empieza uno a hacer una evocación de cómo es posible que un cuadrado de colores negro, blanco, azul, (…) es capaz de crear una cantidad de fantasías.
Sigue señalando López Quintas que, el relacionarnos con la Imagen Cinematográfica –en tanto objeto de sentido–
está años luz por encima de todo banal consumismo, es decir, del afán de acumular experiencias gratificantes. El buen arte resulta agradable a toda persona mínimamente sensible, pero el agrado no es la estación término de la experiencia; es un detector del valor, pero no constituye en sí el valor supremo. Si autonomizo el agrado que me produce una obra [léase, consumo de la IC] me quedo a medio camino en la contemplación de la obra, no entro en presencia de ésta, no fundo una relación auténtica de encuentro con ella”.

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